
Érase una vez, una persona, que dizque de gran corazón, que intentaba hacer cuentos. Él, - sí, era un hombre - decía, o más bien pensaba, que no era capaz de tal cosa. Un día, simplemente se sentó en frente de su clon (computador, suele ocurrir que alguien no sepa lo que esto signifique) y empezó a contar algunas historias, de pronto se dio cuenta de algo... “definitivamente creo que no sirvo para esto”, se dijo a sí mismo. Y definitivamente no se supo si servía o no para aquello.
Después de unas cuantas horas se le ocurrió escribir una pequeña historia de amor, pero no le pareció una buena idea. Luego decidió hablar de aventuras, pero tampoco le gusto esa idea, además para eso esta Hollywood, ¿o no? En fin, tantas vueltas le dio a este asunto que termino escribiendo un cuento sobre... nunca se supo. Demoró escribiéndolo muchas horas, tenía muchos personajes e historias que ni por tu imaginación y la mía juntas podrían pasar.
Una vez escrita la pequeña obra de arte, decidió darla a conocer a un selecto grupo de amigos y conocidos, todos y cada uno de ellos leyó el cuento sin parar, como quien coge un tarro de galletas hasta que lo termina y queda con ganas de más, el cuento resulto fascinante, y lo sorprendente era que cada persona demoraba muy poco tiempo leyendo aquel cuento con tantos personajes e historias que ni por tu imaginación y la mía juntas podrían pasar.
Con el pasar del tiempo cada persona que la leía se daba cuenta que aquel hombre que decía, o más bien pensaba, que no era capaz de hacer cuentos, era todo un maestro para dejar pensando a quien leyera dicho cuento, pues al terminar de leerlo la gente quedaba mirando hacia el cielo, pensando en quién se sabe qué cosas.
La fama de este fabuloso cuento creció tan rápido, que los críticos más famosos, las personalidades más reconocidas de todas partes dieron la mejor impresión que algún día un cuento hubiese podido recibir. Los comentarios acerca del cuento circulaban de una manera increíble, además era un cuento para todas las edades, todos los humores, todas las razas, todas las profesiones, todas las culturas, todos los temperamentos, en fin un cuento para todos los todos y un cuento para todas las todas. Era una verdadera obra de arte.
Una vez alguien muy sabio dentro del ámbito de la literatura universal, se atrevió a definir el cuento y su brillante definición fue: “Este cuento es el cuento más largo escrito con muy pocas palabras”.
Al escuchar dicha definición del cuento, éste se escribió en uno de los lugares mas visibles de la ciudad en donde nació nuestro escritor estrella, y cada persona de cualquier edad, de cualquier humor, de cualquier profesión, de cualquier cultura, de cualquier temperamento, en fin, de cualquier cualquiera de todos los cualquiera, se detenía el poco tiempo que el cuento exigía para su lectura y decía en vos alta: “Érase una vez un niño y su mejor amigo, sentados a la orilla de un rió preguntándose el porqué de las cosas. Fin”
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*Este fue el primer cuento que escribí. Espero les guste.